Una tarde de lectura, conexión y emoción

Ayer he tenido la experiencia más bella al sentarme a leer con Daniela. Acabábamos de llegar de la librería y Laura estaba muy cansada y se acostó a dormir. Daniela estaba cansada, pero no tanto como para dormir. Compramos cuatro libros que ella y yo escogimos juntas. Ella me pidió que leyéramos los libros que le había comprado. El primer libro que leímos fue: Leo, el retoño tardío de Robert Krause, ilustrado por José Aruego. Cabe señalar que el libro también se consigue en inglés por el título: Leo, the Late Bloomer.

Juntas pasamos las páginas y leímos. Daniela estaba totalmente enfocada en el cuento. Su cara mostraba cada sentimiento que Leo, el personaje principal sentía. Ella estaba seria, muy seria e inmersa en el cuento observando cada detalle con cara de preocupación por Leo. Miraba los otros animales y los comparaba con Leo. Yo lo observaba en su mirada. Era como si casi pudiera ver su forma de pensar en lo seria que estaba, en sus labios sellados, en su ceño fruncido que denotaba preocupación y en el movimiento de sus ojos.

Poco a poco la historia se desarrolló y según continuaba la misma, Leo comenzó a evolucionar. La cara de Daniela cambió. Ella, junto a Leo, se fue motivando y finalmente celebró todos los logros alcanzados por un tigre del que se había enamorado en un amor de lectura a primera vista.

Por último, Daniela aplaudió en gesto de celebración y me miró a la cara. A mí se me salió una lágrima. Daniela logró una conexión personal e íntima con Leo. Fue una empatía verdadera y profunda que nos hizo crecer y aprender a las dos.

“Entonces, un día, a su debido tiempo, ¡Leo floreció! ¡Era capaz…!” Kraus, R. (1971)

Esta experiencia me hizo pensar mucho. Me tomó por sorpresa porque para los que no sepan Daniela es una chiquilla de tan solo dos años y medio. Si no hubiese tenido esta experiencia no me hubiera imaginado jamás que un niño pudiera conectarse tan íntimamente con un personaje de un cuento a tan corta edad. Era como si ella le hubiese añadido un tono emotivo al proceso mismo de esa primera transacción con el cuento que estaba descubriendo por primera vez.

Todos los niños y niñas florecen a su debido tiempo. Florecer es el producto del proceso mismo de crecer y de tener la colección de experiencias que nos permitirán brillar y demostrar competencia. Está en nosotros y nosotras imponer tiempos o permitir un crecimiento paulatino para que el desarrollo lector, escritor, empático, social y emocional, se desarrolle en todos sus aspectos. Después de todo es como lo dice el dicho popular: “lo bueno toma tiempo” y es en la lectura, precisamente, que podemos facilitar experiencias que sean tan significativas en la vida de una niña, que se queden por siempre. Esas experiencias serán pilares para que un día, al igual que Leo, nuestra niñez sea capaz.

¡Así que a leer se ha dicho porque todo lo significativo se queda en nuestro interior!

A Daniela y a mí nos encanta la lectura. En esta foto, de hace algunos meses, Laura estaba en la pancita y, aunque Daniela tenía a penas un año, nos encantaba leer a diario. No hay que pensar que porque son pequeños no van a entender o no vale la pena. Ellos son capaces de sentir, de creer, de leer. Un día nos sorprenderán floreciendo, como Leo.

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